|
Qué es Galicia Bilingüe/Que é Galicia Bilingüe |
|
Objetivos |
|
|
|
Cuando Galicia Bilingüe se constituyó allá por el mes de
julio de 2007 teníamos una serie de objetivos claros y que básicamente se
podrían resumir en los siguientes:
-
Emplear todas las posibilidades que ofreciese el
ordenamiento jurídico para tratar de paliar las graves restricciones de
derechos que suponían las normas vigentes.
-
Conscientes de que, por desgracia, ciertos aspectos del
llamado proceso de normalización, con las restricciones de derechos que
implica, no habían sido declarados inconstitucionales, se trataba de
informar a la sociedad de que estas restricciones no se podrían resolver
simplemente por vía jurídica, sino que se trataba de un problema político y
que la solución pasaba por un cambio en la legislación vigente. Este cambio
sólo podría ser factible si una parte apreciable de la sociedad hacía ver a
los dirigentes políticos que no estaba de acuerdo con las normas que se
estaban aprobando y con las que se pretendían aprobar.
-
Encontrar medios de exteriorizar ese malestar social con
las políticas lingüísticas restrictivas de derechos. Una de las maneras era
presentar escritos ante los organismos correspondientes reclamando el
derecho a emplear libremente ante la administración las dos lenguas
oficiales de Galicia. Sorprendentemente, muchos ciudadanos se encontraron
con la desagradable sorpresa de que ni tan siquiera se respetaban por parte
de bastantes instituciones los mermados derechos lingüísticos que todavía
eran reconocidos por las leyes.
-
Dotar de buenos argumentos a los ciudadanos que sirviesen
para rebatir contundentemente los esgrimidos por los defensores de la
llamada normalización lingüística, que pretendían hacer pasar una serie de
medidas restrictivas como normales en una democracia y homologables a las
que se tomaban en los países más modernos cuando había más de una lengua
oficial en un territorio, o varias comunidades lingüísticas, cuando eso era
totalmente falso, y lo que en esos países tenía un carácter voluntario aquí
se trataba de imponer coactivamente a toda la población.
La manera de conseguir estos objetivos genéricos estuvo
basada en las campañas de información, recogida de firmas, conferencias, charlas
y en la no menos importante manifestación celebrada el día 8 de febrero de 2009
en Santiago. Al final conseguimos sensibilizar a la sociedad y ello creemos que
tuvo un reflejo en la alta participación en las elecciones del día 1 de marzo,
así como en el resultado de las mismas, que supusieron una censura por parte de
una buena parte del electorado hacia los que se empeñaban en defender las
restricciones a libertad de uso de las lenguas oficiales de Galicia,
especialmente en la enseñanza.
Por lo tanto, una buena parte de nuestros objetivos ha sido cumplida, pero aún
queda un buen camino por recorrer. Se conjuró el peligro, nada imaginario, de
que la política lingüística se volviese más restrictiva y el partido ganador de
las elecciones mostró su intención de revertir incluso parte del camino andado
en la restricción de derechos, si bien no se manifestó dispuesto a asumir la
totalidad de las propuestas de Galicia Bilingüe, especialmente en materia de
enseñanza. Se abre ahora un paréntesis para ver cómo evoluciona la política
lingüística y qué medidas se van a tomar en los primeros meses de la presente
legislatura. Creemos que la inmensa mayoría de las promesas electorales del
partido ganador pueden llevarse a cabo incluso sin tener que hacer cambios
legales y si no se cumplen es por clara falta de una mínima voluntad política.
Otras precisan cambios normativos y provocarán la oposición y la protesta de de
los partidarios de la llamada normalización lingüística; pero no hay ninguna
razón para no cumplir con lo prometido, ya que la mayoría de la sociedad estaría
de acuerdo, al margen de que se trata de dar pasos hacia una legislación
homologable a la de los países democráticos con más de una lengua oficial en un
territorio. El poder político debe preguntar directamente a los ciudadanos sobre
sus preferencias lingüísticas, sobre todo en materia de enseñanza, para conocer
las verdaderas demandas de la sociedad y elaborar normas en las que se respeten
los derechos de todos, y que son compatibles con la promoción del gallego y su
presencia en cualquier ámbito de la sociedad. Además, eso fue lo prometido de
manera expresa, más allá de ambiguos enunciados en los programas electorales.
¿Cuáles son, por tanto, los objetivos en los próximos meses o años? Pues estar
vigilantes para que, al menos las promesas electorales se cumplan, pero sin
renunciar a seguir informando a la sociedad de que lo que proponemos desde
Galicia Bilingüe es lo que realmente respeta los derechos lingüísticos de todos
los ciudadanos de Galicia y que esas propuestas son similares a las que se
aplican en los demás países democráticos. Que, por otra parte, su aplicación
sería muy beneficiosa para el futuro desarrollo económico de Galicia, al
eliminar una serie de aranceles lingüísticos que provocan que profesionales y
empresarios dejen de venir a Galicia e incluso que una parte de los que ahora
viven aquí opte por marcharse a otros lugares donde no sientan vulnerados sus
derechos lingüísticos, especialmente los de sus hijos en lo referente a la
lengua en la que reciben la enseñanza.
En consecuencia, que nuestra tarea no ha acabado e incluso se puede decir que
entramos en una fase delicada puesto que puede haber la percepción por una parte
de los que nos han apoyado hasta ahora de que el problema ya está resuelto, lo
cual no es cierto, ya que existen todavía en una parte de los dirigentes
políticos una serie de complejos y dogmas que impiden que se tomen decisiones
claras respecto al establecimiento de una libertad lingüística que respete los
derechos de todos y que, de una vez, se supere ese dogma de que la conservación
de una lengua justifica la restricción de los derechos de los que prefieren
emplear otra, algo que no tiene cabida en una democracia. Y no digamos ya esa
insistente tendencia por parte del poder político a pretender determinar la
identidad cultural, en general, y lingüística en particular de los ciudadanos,
cuando dicho poder carece de legitimidad para actuar en ese campo, como ocurre
en el religioso o en el de las propias ideas políticas, al margen de promover el
respeto a los valores constitucionales y democráticos que son la base del
sistema de libertades en el que todos podemos ver respetados nuestros derechos y
diferentes opciones.
Puede ser ésta, por lo tanto, una legislatura de transición, en la que se avance
hacia una política lingüística homologable a la del resto de las democracias en
las que coexisten diferentes comunidades lingüísticas en un territorio. Una
legislatura en la que se haga pedagogía en la sociedad para que vea como natural
y beneficioso lo que en otras democracias se practica. Si conseguimos llegar con
nuestras ideas a la mayoría de esa sociedad no sólo el partido que ahora
gobierna, sino que otros de ámbito nacional, por convicción o por necesidad,
tendrán que asumir que aquí no rigen principios diferentes de los que rigen en
los demás países democráticos. Los complejos y los dogmas que sustentaban las
políticas restrictivas se diluirán en el seno de la sociedad y sólo sectores muy
minoritarios seguirán anclados en ellos; pero el peligro se habrá conjurado. El
nacionalismo cultural, un anacronismo de tintes totalitarios, quedará como
anécdota socio-política, pero sin capacidad para restringir la libertad de los
que no se identifican con esa idea de nación culturalmente uniforme y basada en
asumir como únicamente propia una determinada lengua. Además, contamos con una
inercia favorable que se está produciendo en otros puntos de España y en una
coyuntura que debe de hacer que veamos el futuro con comedido optimismo, de
manera que España sea un país en el que se respete la diversidad, pero en
cualquiera de sus partes y no por “territorios” o “pueblos” “culturalmente
uniformes”. Un país como tantos otros bi o multilingües de la Unión Europea
donde desde hace tiempo han dejado de tener este problema y los nacionalismos
culturales no son más que un pasaje, normalmente poco afortunado, de su
historia. Ser como ellos es nuestro verdadero objetivo final: ser normales,
democráticamente normales, sin que en Galicia nadie pretenda galleguizarnos
porque ya estamos perfectamente galleguizados, cada uno a su gusto y manera.
|
|
|
Obxectivos |
|
|
|
Cando Galicia Bilingüe se constituiu alá polo mes de xullo de 2007 tiñamos unha
serie de obxectivos claros e que basicamente poderían resumirse nos seguintes:
-
Empregar todas as posibilidades que ofrecese o
ordenamento xurídico para tratar de paliar as graves restricións de dereitos
que supoñían as normas vixentes.
-
Conscientes de que, por desgracia, certos aspectos do
chamado proceso de normalización, coas restricións de dereitos que implica,
non foran declarados inconstitucionais, tratábase de informar á sociedade de
que estas restricións non se poderían resolver simplemente por vía xurídica,
senón que se trataba dun problema político e que a solución pasaba por un
cambio na lexislación vixente. Este cambio só podería ser factible se unha
parte apreciable da sociedade facía ver aos dirixentes políticos que non
estaba de acordo coas normas que se estaban aprobando e coas que se
pretendían aprobar.
-
Atopar medios de exteriorizar ese malestar social coas
políticas lingüísticas restritivas de dereitos. Unha das maneiras era
presentar escritos perante os organismos correspondentes reclamando o
dereito a empregar libremente perante a administración as dúas linguas
oficiais de Galicia. Sorprendentemente, moitos cidadáns atopáronse coa
desagradable sorpresa de que nin tan sequera se respectaban por parte de
bastantes institucións os mermados dereitos lingüísticos que todavía eran
recoñecidos polas leis.
-
Dotar de bos argumentos aos cidadáns que servisen para
rebater contundentemente os esgrimidos polos defensores da chamada
normalización lingüística, que pretendían facer pasar unha serie de medidas
restritivas como normais nunha democracia e homologables ás que se tomaban
nos países máis modernos cando había máis dunha lingua oficial nun
territorio, ou varias comunidades lingüísticas, cando iso era totalmente
falso, e o que neses países tiña un carácter voluntario aquí tratábase de
impoñer coactivamente a toda a poboación.
A maneira de conseguir estes obxectivos xenéricos estivo
baseada nas campañas de información, recollida de firmas, conferencias, charlas
e na non menos importante manifestación celebrada o día 8 de febreiro de 2009 en
Santiago. Ao final conseguimos sensibilizar á sociedade e iso cremos que tivo un
reflexo na alta participación nas eleccións do día 1 de marzo, así como no
resultado das mesmas, que supuxeron unha censura por parte dunha boa parte do
electorado cara os que se empeñaban en defender as restricións da liberdade de
uso das linguas oficiais de Galicia, especialmente no ensino.
Polo tanto, unha boa parte dos nosos obxectivos foi cumprida, pero aínda queda
un bo camiño por percorrer. Conxurouse o perigo, nada imaxinario, de que a
política lingüística se volvese máis restritiva e o partido gañador das
eleccións amosou a súa intención de reverter mesmo parte do camiño andado na
restrición de dereitos, se ben non se manifestou disposto a asumir a totalidade
das propostas de Galicia Bilingüe, especialmente en materia de ensino. Ábrese
agora unha paréntese para ver como evoluciona a política lingüística e que
medidas van tomarse nos primeiros meses da presente lexislatura. Cremos que a
inmensa maioría das promesas electorais do partido gañador poden levarse a cabo
incluso sen ter que facer cambios legais e se non se cumpren é por clara falta
dunha mínima vontade política. Outras precisan cambios normativos e provocarán a
oposición e a protesta dos partidarios da chlamada normalización lingüística;
pero non hai ningunha razón para non cumprir co prometido, xa que a maioría da
sociedade estaría de acordo, á marxe de que se trata de dar pasos cara unha
lexislación homologable á dos países democráticos con máis dunha lingua oficial
nun territorio. O poder político debe preguntar directamente aos cidadáns sobre
as súas preferencias lingüísticas, sobre todo en materia de ensino, para coñecer
as verdadeiras demandas da sociedade e elaborar normas nas que se respecten os
dereitos de todos, e que son compatibles coa promoción do galego e a súa
presencia en calquer ámbito da sociedade. Ademais, iso foi o prometido de
maneira expresa, máis alá de ambiguos enunciados nos programas electorais.
¿Cal son, por tanto, os obxectivos nos próximos meses ou anos? Pois estar
vixiantes para que polo menos as promesas electorais se cumpran, pero sen
renunciar a seguir informando á sociedade de que o que propoñemos desde Galicia
Bilingüe é o que realmente respecta os dereitos lingüísticos de todos os
cidadáns de Galicia e que esas propostas son semellantes ás que se aplican nos
demais países democráticos. Que, por outra banda, a súa aplicación sería moi
beneficiosa para o futuro desenvolvemento económico de Galicia, ao eliminar unha
serie de aranceis lingüísticos que provocan que profesionais e empresarios
deixen de vir a Galicia e mesmo que unha parte dos que agora viven aquí opte por
marcharse a outros lugares onde non sintan vulnerados os seus dereitos
lingüísticos, especialmente os dos seus flljos no referente á lingua na que
reciben o ensino.
En consecuencia, que a nosa tarefa non rematou e mesmo pódese dicir que entramos
nunha fase delicada, posto que pode existir a percepción por unha parte dos que
nos apoiaron ata agora de que o problema xa está resolto, o cal non é certo, xa
que existen aínda nunha parte dos dirixentes políticos unha serie de complexos e
dogmas que impiden que se tomen decisions claras respecto ao establecemento
dunha liberdade lingüística que respecte os dereitos de todos e que, dunha vez,
se supere ese dogma de que a conservación dunha lingua xustifica a restrición
dos dereitos dos que prefiren empregar outra, algo que non ten cabida nunha
democracia. E non digamos xa esa insistente tendencia por parte do poder
político a pretender determinar a identidade cultural, en xeral, e lingüística
en particular dos cidadáns, cando dito poder carece de lexitimidade para actuar
nese campo, como acontece no relixioso ou no das propias ideas políticas, á
marxe de promover o respecto aos valores constitucionais e democráticos que son
aa base do sistema de liberdades no que todos podemos ver respectados os nosos
dereitos e diferentes opcións.
Pode ser esta, polo tanto, unha lexislatura de transición, na que se avance cara
unha política lingüística homologable á do resto das democracias nas que
coexisten diferentes comunidades lingüísticas nun territorio. Unha lexislatura
na que se faga pedagoxía na sociedade para que vea como natural e beneficioso o
que noutras democracias se practica. Se conseguimos chegar coas nosas ideas á
maioría desa sociedade, non só o partido que agora goberna, senón que outros de
ámbito nacional, por convicción ou por necesidade, terán que asumir que aquí non
rexen principios diferentes dos que rexen nos demais países democráticos. Os
complexos e os dogmas que sustentaban as políticas restritivas diluiranse no seo
da sociedade e só sectores moi minoritarios seguirán ancorados neles; pero o
perigo terase conxurado. O nacionalismo cultural, un anacronismo de tintes
totalitarios, quedará como anécdota socio-política, pero sen capacidade para
restrinxir a liberdade dos que non se identifican co esa idea de nación
culturalmente uniforme e baseada en asumir como unicamente propia unha
determinada lingua. Ademais, contamos cunha inercia favorable que se está a
producir en outros puntos de España e nunha coxuntura que debe de facer que
vexamos o futuro con comedido optimismo, de maneira que España sexa un país no
que se respecte a diversidade, pero en cualquera das súas partes e non por
“territorios” ou “pobos” “culturalmente uniformes”. Un país como tantos outros
bi o multilingües da Unión Europea onde desde hai tempo deixaron de ter este
problema e os nacionalismos culturais non son máis que unha pasaxe, normalmente
pouco afortunado, da súa historia. Ser coma eles é o noso verdadeiro obxectivo
final: ser normais, democraticamente normais, sen que en Galicia ninguén
pretenda galeguizarnos porque xa estamos perfectamente galeguizados, cada un ao
seu gusto e maneira.
|
|
|
|