Galicia Bilingüe - Dos lenguas, mismos derechos/ Dúas linguas, mesmos dereitos
   
Inicio/Inicio
Blog de Gabi y Norma
Ayuda a GB/Axuda a GB
¿Quieres asociarte?¿quieres hacer una aportacion?/ ¿Queres asociarte? ¿queres facer unha aportacion?
Necesitas ayuda?/Necesitas axuda?
Denuncias con confidencialidad/ Denuncias con confidencialidade
Informe sobre la lengua de los libros de texto/Informe sobre a lingua dos libros de texto
Qué es Galicia Bilingüe/Que é Galicia Bilingüe
Manifestación
Tu firma importa: El manifiesto/ A túa firma importa: O manifesto
Noticias Galicia Bilingüe/ Noticias Galicia Bilingüe
Cómo defender tus derechos?/ Como defender os teus dereitos?
Réplicas, artículos de opinión, lengua/ Réplicas, artigos de opinión, lingua
Abusos de la normalización/ Abusos da normalización
Legislación/ Lexislación
Eventos/ Eventos
Vuestras cartas/ As vosas cartas
Foros/ Foros
Contacto con GB/ Contacto con GB
Gabi/Gabi
GB en radio y TV/ GB en radio e TV
Así estamos en Galicia y así están en Europa/ Así estamos en Galicia e así están en Europa
Hoy en la prensa/Hoxe na prensa
Mapa web/ Mapa web
Quieres ayudarnos económicamente?/ Queres axudarnos económicamente?
Quieres colaborar de otra forma?/Queres colaborar doutra forma?
Documental sobre la/a imposición lingüística
1as xornadas bilingües/jornadas bilingües
Qué es Galicia Bilingüe/Que é Galicia Bilingüe

Objetivos Imprimir E-Mail

Cuando Galicia Bilingüe se constituyó allá por el mes de julio de 2007 teníamos una serie de objetivos claros y que básicamente se podrían resumir en los siguientes:

  1. Emplear todas las posibilidades que ofreciese el ordenamiento jurídico para tratar de paliar las graves restricciones de derechos que suponían las normas vigentes.

  2. Conscientes de que, por desgracia, ciertos aspectos del llamado proceso de normalización, con las restricciones de derechos que implica, no habían sido declarados inconstitucionales, se trataba de informar a la sociedad de que estas restricciones no se podrían resolver simplemente por vía jurídica, sino que se trataba de un problema político y que la solución pasaba por un cambio en la legislación vigente. Este cambio sólo podría ser factible si una parte apreciable de la sociedad hacía ver a los dirigentes políticos que no estaba de acuerdo con las normas que se estaban aprobando y con las que se pretendían aprobar.

  3. Encontrar medios de exteriorizar ese malestar social con las políticas lingüísticas restrictivas de derechos. Una de las maneras era presentar escritos ante los organismos correspondientes reclamando el derecho a emplear libremente ante la administración las dos lenguas oficiales de Galicia. Sorprendentemente, muchos ciudadanos se encontraron con la desagradable sorpresa de que ni tan siquiera se respetaban por parte de bastantes instituciones los mermados derechos lingüísticos que todavía eran reconocidos por las leyes.

  4. Dotar de buenos argumentos a los ciudadanos que sirviesen para rebatir contundentemente los esgrimidos por los defensores de la llamada normalización lingüística, que pretendían hacer pasar una serie de medidas restrictivas como normales en una democracia y homologables a las que se tomaban en los países más modernos cuando había más de una lengua oficial en un territorio, o varias comunidades lingüísticas, cuando eso era totalmente falso, y lo que en esos países tenía un carácter voluntario aquí se trataba de imponer coactivamente a toda la población.

La manera de conseguir estos objetivos genéricos estuvo basada en las campañas de información, recogida de firmas, conferencias, charlas y en la no menos importante manifestación celebrada el día 8 de febrero de 2009 en Santiago. Al final conseguimos sensibilizar a la sociedad y ello creemos que tuvo un reflejo en la alta participación en las elecciones del día 1 de marzo, así como en el resultado de las mismas, que supusieron una censura por parte de una buena parte del electorado hacia los que se empeñaban en defender las restricciones a libertad de uso de las lenguas oficiales de Galicia, especialmente en la enseñanza.

Por lo tanto, una buena parte de nuestros objetivos ha sido cumplida, pero aún queda un buen camino por recorrer. Se conjuró el peligro, nada imaginario, de que la política lingüística se volviese más restrictiva y el partido ganador de las elecciones mostró su intención de revertir incluso parte del camino andado en la restricción de derechos, si bien no se manifestó dispuesto a asumir la totalidad de las propuestas de Galicia Bilingüe, especialmente en materia de enseñanza. Se abre ahora un paréntesis para ver cómo evoluciona la política lingüística y qué medidas se van a tomar en los primeros meses de la presente legislatura. Creemos que la inmensa mayoría de las promesas electorales del partido ganador pueden llevarse a cabo incluso sin tener que hacer cambios legales y si no se cumplen es por clara falta de una mínima voluntad política. Otras precisan cambios normativos y provocarán la oposición y la protesta de de los partidarios de la llamada normalización lingüística; pero no hay ninguna razón para no cumplir con lo prometido, ya que la mayoría de la sociedad estaría de acuerdo, al margen de que se trata de dar pasos hacia una legislación homologable a la de los países democráticos con más de una lengua oficial en un territorio. El poder político debe preguntar directamente a los ciudadanos sobre sus preferencias lingüísticas, sobre todo en materia de enseñanza, para conocer las verdaderas demandas de la sociedad y elaborar normas en las que se respeten los derechos de todos, y que son compatibles con la promoción del gallego y su presencia en cualquier ámbito de la sociedad. Además, eso fue lo prometido de manera expresa, más allá de ambiguos enunciados en los programas electorales.

¿Cuáles son, por tanto, los objetivos en los próximos meses o años? Pues estar vigilantes para que, al menos las promesas electorales se cumplan, pero sin renunciar a seguir informando a la sociedad de que lo que proponemos desde Galicia Bilingüe es lo que realmente respeta los derechos lingüísticos de todos los ciudadanos de Galicia y que esas propuestas son similares a las que se aplican en los demás países democráticos. Que, por otra parte, su aplicación sería muy beneficiosa para el futuro desarrollo económico de Galicia, al eliminar una serie de aranceles lingüísticos que provocan que profesionales y empresarios dejen de venir a Galicia e incluso que una parte de los que ahora viven aquí opte por marcharse a otros lugares donde no sientan vulnerados sus derechos lingüísticos, especialmente los de sus hijos en lo referente a la lengua en la que reciben la enseñanza.

En consecuencia, que nuestra tarea no ha acabado e incluso se puede decir que entramos en una fase delicada puesto que puede haber la percepción por una parte de los que nos han apoyado hasta ahora de que el problema ya está resuelto, lo cual no es cierto, ya que existen todavía en una parte de los dirigentes políticos una serie de complejos y dogmas que impiden que se tomen decisiones claras respecto al establecimiento de una libertad lingüística que respete los derechos de todos y que, de una vez, se supere ese dogma de que la conservación de una lengua justifica la restricción de los derechos de los que prefieren emplear otra, algo que no tiene cabida en una democracia. Y no digamos ya esa insistente tendencia por parte del poder político a pretender determinar la identidad cultural, en general, y lingüística en particular de los ciudadanos, cuando dicho poder carece de legitimidad para actuar en ese campo, como ocurre en el religioso o en el de las propias ideas políticas, al margen de promover el respeto a los valores constitucionales y democráticos que son la base del sistema de libertades en el que todos podemos ver respetados nuestros derechos y diferentes opciones.

Puede ser ésta, por lo tanto, una legislatura de transición, en la que se avance hacia una política lingüística homologable a la del resto de las democracias en las que coexisten diferentes comunidades lingüísticas en un territorio. Una legislatura en la que se haga pedagogía en la sociedad para que vea como natural y beneficioso lo que en otras democracias se practica. Si conseguimos llegar con nuestras ideas a la mayoría de esa sociedad no sólo el partido que ahora gobierna, sino que otros de ámbito nacional, por convicción o por necesidad, tendrán que asumir que aquí no rigen principios diferentes de los que rigen en los demás países democráticos. Los complejos y los dogmas que sustentaban las políticas restrictivas se diluirán en el seno de la sociedad y sólo sectores muy minoritarios seguirán anclados en ellos; pero el peligro se habrá conjurado. El nacionalismo cultural, un anacronismo de tintes totalitarios, quedará como anécdota socio-política, pero sin capacidad para restringir la libertad de los que no se identifican con esa idea de nación culturalmente uniforme y basada en asumir como únicamente propia una determinada lengua. Además, contamos con una inercia favorable que se está produciendo en otros puntos de España y en una coyuntura que debe de hacer que veamos el futuro con comedido optimismo, de manera que España sea un país en el que se respete la diversidad, pero en cualquiera de sus partes y no por “territorios” o “pueblos” “culturalmente uniformes”. Un país como tantos otros bi o multilingües de la Unión Europea donde desde hace tiempo han dejado de tener este problema y los nacionalismos culturales no son más que un pasaje, normalmente poco afortunado, de su historia. Ser como ellos es nuestro verdadero objetivo final: ser normales, democráticamente normales, sin que en Galicia nadie pretenda galleguizarnos porque ya estamos perfectamente galleguizados, cada uno a su gusto y manera.
 


 
Obxectivos Imprimir E-Mail

Cando Galicia Bilingüe se constituiu alá polo mes de xullo de 2007 tiñamos unha serie de obxectivos claros e que basicamente poderían resumirse nos seguintes:

  1. Empregar todas as posibilidades que ofrecese o ordenamento xurídico para tratar de paliar as graves restricións de dereitos que supoñían as normas vixentes.

  2. Conscientes de que, por desgracia, certos aspectos do chamado proceso de normalización, coas restricións de dereitos que implica, non foran declarados inconstitucionais, tratábase de informar á sociedade de que estas restricións non se poderían resolver simplemente por vía xurídica, senón que se trataba dun problema político e que a solución pasaba por un cambio na lexislación vixente. Este cambio só podería ser factible se unha parte apreciable da sociedade facía ver aos dirixentes políticos que non estaba de acordo coas normas que se estaban aprobando e coas que se pretendían aprobar.

  3. Atopar medios de exteriorizar ese malestar social coas políticas lingüísticas restritivas de dereitos. Unha das maneiras era presentar escritos perante os organismos correspondentes reclamando o dereito a empregar libremente perante a administración as dúas linguas oficiais de Galicia. Sorprendentemente, moitos cidadáns atopáronse coa desagradable sorpresa de que nin tan sequera se respectaban por parte de bastantes institucións os mermados dereitos lingüísticos que todavía eran recoñecidos polas leis.

  4. Dotar de bos argumentos aos cidadáns que servisen para rebater contundentemente os esgrimidos polos defensores da chamada normalización lingüística, que pretendían facer pasar unha serie de medidas restritivas como normais nunha democracia e homologables ás que se tomaban nos países máis modernos cando había máis dunha lingua oficial nun territorio, ou varias comunidades lingüísticas, cando iso era totalmente falso, e o que neses países tiña un carácter voluntario aquí tratábase de impoñer coactivamente a toda a poboación.

A maneira de conseguir estes obxectivos xenéricos estivo baseada nas campañas de información, recollida de firmas, conferencias, charlas e na non menos importante manifestación celebrada o día 8 de febreiro de 2009 en Santiago. Ao final conseguimos sensibilizar á sociedade e iso cremos que tivo un reflexo na alta participación nas eleccións do día 1 de marzo, así como no resultado das mesmas, que supuxeron unha censura por parte dunha boa parte do electorado cara os que se empeñaban en defender as restricións da liberdade de uso das linguas oficiais de Galicia, especialmente no ensino.

Polo tanto, unha boa parte dos nosos obxectivos foi cumprida, pero aínda queda un bo camiño por percorrer. Conxurouse o perigo, nada imaxinario, de que a política lingüística se volvese máis restritiva e o partido gañador das eleccións amosou a súa intención de reverter mesmo parte do camiño andado na restrición de dereitos, se ben non se manifestou disposto a asumir a totalidade das propostas de Galicia Bilingüe, especialmente en materia de ensino. Ábrese agora unha paréntese para ver como evoluciona a política lingüística e que medidas van tomarse nos primeiros meses da presente lexislatura. Cremos que a inmensa maioría das promesas electorais do partido gañador poden levarse a cabo incluso sen ter que facer cambios legais e se non se cumpren é por clara falta dunha mínima vontade política. Outras precisan cambios normativos e provocarán a oposición e a protesta dos partidarios da chlamada normalización lingüística; pero non hai ningunha razón para non cumprir co prometido, xa que a maioría da sociedade estaría de acordo, á marxe de que se trata de dar pasos cara unha lexislación homologable á dos países democráticos con máis dunha lingua oficial nun territorio. O poder político debe preguntar directamente aos cidadáns sobre as súas preferencias lingüísticas, sobre todo en materia de ensino, para coñecer as verdadeiras demandas da sociedade e elaborar normas nas que se respecten os dereitos de todos, e que son compatibles coa promoción do galego e a súa presencia en calquer ámbito da sociedade. Ademais, iso foi o prometido de maneira expresa, máis alá de ambiguos enunciados nos programas electorais.

¿Cal son, por tanto, os obxectivos nos próximos meses ou anos? Pois estar vixiantes para que polo menos as promesas electorais se cumpran, pero sen renunciar a seguir informando á sociedade de que o que propoñemos desde Galicia Bilingüe é o que realmente respecta os dereitos lingüísticos de todos os cidadáns de Galicia e que esas propostas son semellantes ás que se aplican nos demais países democráticos. Que, por outra banda, a súa aplicación sería moi beneficiosa para o futuro desenvolvemento económico de Galicia, ao eliminar unha serie de aranceis lingüísticos que provocan que profesionais e empresarios deixen de vir a Galicia e mesmo que unha parte dos que agora viven aquí opte por marcharse a outros lugares onde non sintan vulnerados os seus dereitos lingüísticos, especialmente os dos seus flljos no referente á lingua na que reciben o ensino.

En consecuencia, que a nosa tarefa non rematou e mesmo pódese dicir que entramos nunha fase delicada, posto que pode existir a percepción por unha parte dos que nos apoiaron ata agora de que o problema xa está resolto, o cal non é certo, xa que existen aínda nunha parte dos dirixentes políticos unha serie de complexos e dogmas que impiden que se tomen decisions claras respecto ao establecemento dunha liberdade lingüística que respecte os dereitos de todos e que, dunha vez, se supere ese dogma de que a conservación dunha lingua xustifica a restrición dos dereitos dos que prefiren empregar outra, algo que non ten cabida nunha democracia. E non digamos xa esa insistente tendencia por parte do poder político a pretender determinar a identidade cultural, en xeral, e lingüística en particular dos cidadáns, cando dito poder carece de lexitimidade para actuar nese campo, como acontece no relixioso ou no das propias ideas políticas, á marxe de promover o respecto aos valores constitucionais e democráticos que son aa base do sistema de liberdades no que todos podemos ver respectados os nosos dereitos e diferentes opcións.

Pode ser esta, polo tanto, unha lexislatura de transición, na que se avance cara unha política lingüística homologable á do resto das democracias nas que coexisten diferentes comunidades lingüísticas nun territorio. Unha lexislatura na que se faga pedagoxía na sociedade para que vea como natural e beneficioso o que noutras democracias se practica. Se conseguimos chegar coas nosas ideas á maioría desa sociedade, non só o partido que agora goberna, senón que outros de ámbito nacional, por convicción ou por necesidade, terán que asumir que aquí non rexen principios diferentes dos que rexen nos demais países democráticos. Os complexos e os dogmas que sustentaban as políticas restritivas diluiranse no seo da sociedade e só sectores moi minoritarios seguirán ancorados neles; pero o perigo terase conxurado. O nacionalismo cultural, un anacronismo de tintes totalitarios, quedará como anécdota socio-política, pero sen capacidade para restrinxir a liberdade dos que non se identifican co esa idea de nación culturalmente uniforme e baseada en asumir como unicamente propia unha determinada lingua. Ademais, contamos cunha inercia favorable que se está a producir en outros puntos de España e nunha coxuntura que debe de facer que vexamos o futuro con comedido optimismo, de maneira que España sexa un país no que se respecte a diversidade, pero en cualquera das súas partes e non por “territorios” ou “pobos” “culturalmente uniformes”. Un país como tantos outros bi o multilingües da Unión Europea onde desde hai tempo deixaron de ter este problema e os nacionalismos culturais non son máis que unha pasaxe, normalmente pouco afortunado, da súa historia. Ser coma eles é o noso verdadeiro obxectivo final: ser normais, democraticamente normais, sen que en Galicia ninguén pretenda galeguizarnos porque xa estamos perfectamente galeguizados, cada un ao seu gusto e maneira.